Biodanza.cu Biodanza Cuba en Casa de la Música de Plaza. yirian García de la Torre.

«Chile» no cree en lágrimas

Esa esperanza nueva de danzar la vida, es el amor entre pueblos en el abrazo de su gente, en la ternura de sus hombres y mujeres, en el llanto de los niños, en el sentimiento de pérdida siempre latente en una historia -quizás – repetida… No queremos más lágrimas de pueblos, no queremos más sufrimiento!… Chile y Cuba danzan la vida en medio del desaliento. Es un nuevo encuentro para facilitadores de Escuela de Biodanza Cuba.

Entre ese deseo de llorar y la extensión de los sentimientos en las vivencias de la Biodanza, se hizo difícil el encuentro. Era la felicidad de volver a Cuba, también el corazón apretado del Chile de estos días y el amor y la solidaridad inmensos de los abrazos en Cuba por ese pueblo amigo.

La propuesta de la profesora «Movimiento Humano» es un reto al desafío más allá del cuerpo…

Blanca Fuentalba tiene una escuela de Biodanza, le queda a miles de kilómetros de su casa, pero es del lugar donde nació y vivió mucho tiempo, le gusta volver a su gente, como un día vino a cuba, ya la conocía por Silvio Rodríguez y sus canciones, por esos momentos históricos de Chile vividos desde la resistencia de un país, por los sueños de esas grandes alamedas que abrió en la esperanza Salvador Allende. Así descubrió Cuba y se descubrió no pudiendo venir todas las veces que ha querido… pero sigue amándola y siente que parte de ella se queda en esta tierra cada vez que viene.

«Allí amé a una mujer terrible,
llorando por el humo siempre eterno
de aquella ciudad acorralada
por símbolos de invierno.»

Uno de esos fines de semana de clases y encuentros estuvieron en Cuba, venían para el homenaje a Juan Formell, para perpetuar su danza urbana con un amigo, ya lo presentaremos… la clase fue genial, sus desapegos y pérdidas se coronaron del cariño de cubanas y cubanos en la danza, biodanzantes también de desapegos y pérdidas, de compartir, de crear juntos..

«Allí aprendí a quitar con piel el frío
y a echar luego mi cuerpo a la llovizna,
en manos de la niebla dura y blanca,
en calles del enigma.»

Josefina descubrió el dengue desde una fiebre más que el calor humano de otras con fiebre – casualmente – terminó en cama, ingresada y recuperándose; pero su clase fue espectacular, llena de vibraciones y encuentros, de ese amor por Cuba en medio de los destinos latinoamericanos que había recorrido y continuaba en su andar… sencillamente así bordeaba salud y bienestar, a lo cubano.

«Eso no está muerto:
no me lo mataron
ni con la distancia
ni con el vil soldado.»

«Allí, entre los cerros, tuve amigos
que entre bombas de humo eran hermanos.
Allí yo tuve más de cuatro cosas
que siempre he deseado. »

Nacidos en danza urbana, amante de la salsa, del son, de la música cubana no quieren perderse el I Festival de la Timba Por siempre Formell, pero antes en Cuba deciden pasar por la experiencia de la Biodanza – de su tierra – de la profe chilena – Josefina -. El ritmo y el modo de bailar de los cubanos es un paso obligado de su aprendizaje y Cuba, «No hay otra como Cuba», dice.

«Allí nuestra canción se hizo pequeña
entre la multitud desesperada:
un poderoso canto de la tierra
era quien más cantaba».

«Eso no está muerto:
no me lo mataron
ni con la distancia
ni con el vil soldado».

Cuando Blanca Buentalba le dijo a Marisol, me vas a compañar a Cuba, ella lo tomó así… – bueno – … pero Cuba, los encuentros, las personas que conoció, los grupos de Biodanza Cuba, la historia personal en cada abrazo… el viaje le parece corto, el amor inmenso y las ganas de volver… se las lleva bien guardadas en el corazón… ya no hay vuelta atrás, este destino la ha enamorado de veras..

«Hasta allí me siguió, como una sombra,
el rostro del que ya no se veía.
Y en el oído me susurró la muerte
que ya aparecería».


«Allí yo tuve un odio, una vergüenza,
niños mendigos de la madrugada.
Y el deseo de cambiar cada cuerda
por un saco de balas».

… a la escena un hombre que, a paso tranquilo, camina con una mano en el bolsillo hacia un taburete, moviendo su mano derecha en señal de saludo, como si estuviera entrando a una pichanga de barrio. Toma asiento, se acomoda la guitarra y se une a la música. Rasguea un par de minutos y observa con atención ese mar de 75 mil chilenos que, ansiosos, lo esperaron 17 años. El músico, en aparente sorpresa, observa el Estado Nacional repleto y sonríe. Y es esa sonrisa la que estimula más gritos y más aplausos antes de entonar “cuando Pedro salió a su ventana, no sabía, mi amor, no sabía…” 31 de marzo de 1990, 21:00 horas.

«Eso no está muerto:
no me lo mataron
ni con la distancia
ni con el vil soldado».

Danzar a la vida en un abrazo entre Cuba y Chile lleva ese calor humano que redime tanto dolor de pueblo, tanta consecuencia, tanto que hacer. Por estos días se hace difícil la distancia, pero volver a Cuba es siempre un toque de aliento, con Silvio Rodríguez vuelve a la memoria y al corazón una y otra vez la solidaridad por encima de las lágrimas, de la historia, de los desencuentros. Gracias.

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Publicado Por: Teodoro Herrera

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